La vida de la gente (pobre) no vale nada. Pero tal vez, esa sea una verdad relativa, porque ciertamente la gente pobre, en nuestro país, sirve para algo: para hacer que un grupo de personas acceda al poder (o se consolide).Con su sesudo artículo “El síndrome del perro del hortelano” (1), Alan García ha confesado: el derrotero del aprismo, en su segundo gobierno, de ninguna manera rozará el sendero de la izquierda, ni se volcará sobre la instransitable vereda del centro; su gobierno tomará la autopista de la derecha, donde no hay pobreza, no hay exclusión, no hay desigualdad, pero no porque no existan, sino porque no se quiere ver.
Sin duda, una alternativa válida para el gobierno aprista, si esa hubiera sido la propuesta electoral ofrecida a todos los peruanos (en su mayoría, pobres). Pero no es así, y no es necesario hacerles recordar, porque los apristas saben muy bien lo que hacen. De todos modos, no es inútil un pequeño recuento: Alan García pasó a la segunda vuelta de las elecciones de 2006 acusando a Lourdes Flores de ser la “candidata de los ricos”, sabiendo muy bien que ella, como en toda su campaña electoral, no tendría reacción alguna; y, en la segunda vuelta, Alan García apeló al mal menor y al punto medio, para no ser ni tan derechista como Lourdes, ni tan izquierdista como Ollanta, sabiendo muy bien que no era cierto, porque nada en una campaña política (en nuestro país) podía serlo.
Es válido que Alan García opte por ser un neoliberal y gobernar a favor de una minoría de peruanos, pero nadie debe olvidar que lo hace traicionando a la mayoría de peruanos (pobres). La prueba de la traición de Alan García son los actos de su segundo gobierno hasta la fecha, y su confesión sincera: el artículo titulado “El síndrome del perro del hortelano” (2).
En el pasado “día de los muertos” tuvo que llegarnos la noticia de un ataque a una comisaría en Ocobamba por un grupo armado, para hacernos recordar que nada en nuestro pasado está completamente enterrado. Alan García debe celebrar que haya muertes relativas (como en la política), pero él ni los demás neoliberales deben olvidar que Sendero Luminoso y el MRTA asestarón sus letales golpes aquí, en nuestro país, no en otra parte, y los ricos sufrieron tanto como los pobres. Creer que los terroristas eran sujetos que mataban por matar es negar la realidad y hacer que cometamos los mismos errores del pasado: esa gente pobre tan querida por los políticos para acceder al poder (o consolidarse), es también apreciada por el grupo del terror que quiere prevalecer en nuestro país.
Pensar que lo más valioso de nuestro país son sus recursos y no nuestra gente, no sólo es estúpido, sino también implica dejar al grupo del terror un terreno fértil para sembrar, y cosechar.
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NOTAS:
(1)
Dicho artículo puede verse en:
http://www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2007-10-28/el_sindrome_del_perro_del_hort.html
(2)
Alan García empieza su artículo con ideas que se han expuesto con mayor talento en “El misterio del capital”; sin embargo, su discurso tiene un punto de inflexión con las siguientes palabras: “Para que haya inversión se necesita propiedad segura, pero hemos caído en el engaño de entregar pequeños lotes de terreno a familias pobres que no tienen un centavo para invertir”. A partir de esa frase la idea es una sola: el Perú es un país rico que está a la venta por metros cuadrados, la gente que vive aquí no vale nada, aquí son bienvenidos todos los inversionistas del mundo para hacerse más ricos y, de paso, hacer más ricos a los pocos ricos de este rico país lleno de gente pobre.
(2)
Alan García empieza su artículo con ideas que se han expuesto con mayor talento en “El misterio del capital”; sin embargo, su discurso tiene un punto de inflexión con las siguientes palabras: “Para que haya inversión se necesita propiedad segura, pero hemos caído en el engaño de entregar pequeños lotes de terreno a familias pobres que no tienen un centavo para invertir”. A partir de esa frase la idea es una sola: el Perú es un país rico que está a la venta por metros cuadrados, la gente que vive aquí no vale nada, aquí son bienvenidos todos los inversionistas del mundo para hacerse más ricos y, de paso, hacer más ricos a los pocos ricos de este rico país lleno de gente pobre.






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